
Es increíble cómo se alteran las historias. Lo vivido ayer después de las declaraciones del juez Paul Barbadoro sobre el papel de la prensa y el de los analistas me hizo recordar el juego de los secretos. Sí, ese que se juega en campamentos, talleres o charlas para probar la habilidad innata del ser humano de tomar un dato cierto, adornarlo, quitarle, pegarle y sumarle y, al final del camino construir un hecho alterno, similar al inicial pero sin duda diferente en los puntos mas neurálgicos.
Algo así se dio ayer miércoles con las declaraciones del juez Paul Barbadoro sobre por que no permite la entrada de la Prensa a la segunda etapa de desinsaculación del jurado en el caso contra Aníbal Acevedo Vilá y Luisa Inclán Bird. En medio de la vista, Barbadoro denegó la solicitud de los periodistas a tener acceso a sala durante las entrevistas a potenciales jurados, argumentando que algunos elementos de la cobertura mediática y expresiones de analistas o comentaristas le habían parecido inadecuados. “Algunos de ellos (de los comentaristas) realizan comentarios excesivamente partidistas. Es como si su afiliación política los colocara en un “equipo” (…) y ellos siguen esos “equipos”. Algunos de ellos son abogados colegiados. Sus comentarios prejuzgan a los acusados”, dijo el juez en sala.
A esas expresiones, el compañero Oscar Serrano, presidente de la Asociación de Periodistas -quien argumentó nuestra petición- respondió al juez que no parecía justo evitar la entrada de periodistas a sala por declaraciones hechas por comentaristas. “No somos analistas políticos, somos periodistas”, contestó Serrano al insistir en que no debía existir relación entre la incomodidad del juez sobre los comentarios de analistas y la presencia en sala de periodistas.
Esas expresiones parecen haber provocado un verdadero caos. Y el problema es que no entiendo por que. Algunos compañeros comentaristas insisten en atribuir a Oscar Serrano el juicio valorativo sobre la labor de algunos analistas, Ahí el primer error. Los dicho sobre los comentaristas no salio de la boca de Serrano, si no del propio juez. Eso es un hecho no debatible.
“Yo no le creo a Oscar eso de que es culpa de los analistas”, escuché hoy decir a un comentarista. El asunto es que le crea o no a Oscar, eso fue lo que dijo el juez. “Debió haber defendido a los analistas”, escuche a otro decir. El problema es que la moción defendida por Serrano no fue presentada por analistas, sino por periodistas. “El issue es, ¿Cómo se enteró el juez de lo que dicen los analistas? El juez no sabe español” dicen otros. Pues el issue, si existe, es fácilmente resuelto. Como dijo el propio juez en sala, ello es información que le llega gracias a personal de la propia corte. “Yo no hablo español y tengo que creer en lo que me han dicho sobre la cobertura de la radio en Puerto Rico y que hay miembros del bar participando de esos programas", dijo el juez.
Me parece desafortunado que las expresiones del juez hayan servido para dar vida a una pugna en la que los periodistas y analistas se han convertido en los protagonistas. Una pugna a mi juicio, artificial. Ese, sin duda no debe ser el issue. Por lo menos no el que sirva al interés que representamos. El de quienes dependen de nuestras voces para mantenerse informados. Ese, señores, es el issue.
