Me explico. El proyecto del Fideicomiso surgió hace cerca de 8 años y con él las agencias públicas o cualquier entidad gubernamental traspasaba la titularidad de los terrenos a las comunidades que componen el G8. Precisamente la Junta del Fideicomiso determinaba el uso que la comunidad daría a las tierras, contrario al modelo tradicional en el que los políticos son los que deciden (en ocasiones ayudados por una buena tajada de billetitos verdes).
Todo lo anterior comenzó a revertirse ayer jueves cuando el senado aprobó, como ladrón en la noche y por el abusado mecanismo de “descargue” un proyecto de la autoría del presidente senatorial Thomas Rivera Schatz y la senadora Kimmey Rasckey que revierte lo logrado por el Fideicomiso y que dejaría en manos de las agencias o dependencias gubernamentales decidir si traspasa o no los terrenos a los vecinos del G8. Y, claro, esa decisión seguro que tendra mucho que ver con la privilegiada ubicación del G8, a solo pasos de la Milla de Oro. El proyecto del Senado tiene su contraparte en la Cámara y si ambos se aprueban deberán pasar a la firma del Gobernador.
La medida me parece un enorme retroceso en el proceso de apoderamiento social y de autogestión, y plantea un empujón a la agenda gubernamental que en ocasiones parece descartar a las comunidades a la hora de tomar decisiones sobre sus tierras. Eso, por no hablar del desplazamiento que era la norma antes de la aprobación del Fideicomiso. Ya sabes: sacamos a los pobres para construir para los ricos. Lo peor de todo es que la aprobación por descargue se dio sin siquiera avisar a las comunidades afectadas.
La aprobación contó con los votos de la mayoría del PNP y los votos en contra de la minoría popular, a excepción del senador Juan Eugenio Hernandez mayoral quien se abstuvo. El senador PNP Roberto Arango también se abstuvo.





