
Sin el ánimo de convertirme en economista por un día, cosa que no pretendo, me atrevo a compartir mi preocupación luego de ver el rumbo de la economía de los Estados Unidos. Como dice un viejo dicho atribuido a Luis Muñoz Marin, si Estados Unidos estornuda, Puerto Rico sufre de pulmonía. En esta ocasión, señores, la situación en EEUU pasa de ser un catarrito.
El poderío económico de Washington, que desde hace años daba señales de debilidad ante los nuevos colosos que se levantan en el llamado Viejo Mundo, parece haber tocado fondo y ya en la isla se anticipa los efectos. Tras el desplome de Wall Street que siguió la negativa legislativa de aprobar el famoso plan de rescate, los economistas anticipan un panorama sombrío para la economía isleña.
Ya más de uno asegura que será más difícil conseguir que se le conceda crédito. Los compradores de casas deberán cumplir con más requisitos si pretenden que se les apruebe una compra e incluso se anticipan problemas con los planes de retiro. No hace falta mucho mas para asustarse.
El New York Times editorializaba sobre el asunto asegurando que la situación ha sido consecuencia de la inacción del gobierno. “Esta crisis es el resultado de la voluntaria y sistemática falla del gobierno en regular y monitorear las actividades de banqueros, prestamistas, fondos de inversión, aseguradores, y otros actores del mercado. Jugaban apuestas de póker muy alta con el sistema financiero, sin la adecuada transparencia, y supervisión”, insiste el NYT.
Para otros más críticos, el asunto no termina ahí. Ala ecuación debe añadirse, según aseguran, que el llamado capitalismo salvaje hace mucho que se excedió en sus excesos. Ese mismo capitalismo que ha dado alas a la inequidad social, al aumento de la pobreza, a la especulación y al excesivo enriquecimiento de la banca en detrimento de sus clientes, es el mismo capitalismo que hoy toca fondo. La pregunta ahora debe ser si alguien ha aprendido la lección.